22 diciembre 2014

El masculino genérico no es sexista

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Es evidente que el lenguaje transmite ideas y valores implícitos y cierto que algunas palabras y expresiones son muestras de racismo y sexismo que deben evitarse en el periodismo y la comunicación; pero también es verdad que esta lucha tiene uno de sus mayores campos de batalla en un lugar donde en lugar de un mal uso la víctima es un inocente: la claridad y la economía expresiva. Es lo que pasa cuando se ataca el masculino genérico; es decir, de plurales en masculino para referirse a ambos sexos -por ejemplo en "La corrupción es la principal preocupación de los ciudadanos"- abogando por palabras abstractas -"... de la ciudadanía"- o, peor aún, por desdoblamientos -"... de los ciudadanos y ciudadanas"-.
Esta práctica es cada vez más habitual en intervenciones de políticos ("compañeros y compañeras"), y si se usa puntualmente no es en absoluto reprobable porque la redundancia también es un recurso de estilo y puede servir para ejemplarizar que el orador tiene en cuenta a todo su público, pero si se abusa de ella, lo que se consigue es un discurso más pesado y artificial. Por esto mismo hay que rechazar de forma tajante son los intentos para erradicar el uso del masculino genérico del periodismo porque quienes así abogan parten de un principio totalmente erróneo y además es imposible su objetivo. Aunque desde luego hay otros muchos casos en los que el periodista debe cuidar de no caer en el lenguaje sexista.

El error de base
El argumento de quienes critican el uso del masculino genérico se resume en que se oculta a las mujeres. Así, lo explica un folleto titulado Propuestas para la eliminación de estereotipos sexistas en la comunicación informativa, publicado en 2003 por la Asociación de la Prensa de Aragón y el Instituto Aragonés de la Mujer: "Si decimos que 'Los aragoneses han acudido en masa a las urnas', en ese titular tornamos invisibles a las aragonesas, las cuales también participan del derecho al voto. Los genéricos ocultan datos relevantes que conducen a nuestros lectores y lectoras, oyentes y televidentes a componerse una imagen mental errónea de los hechos".
¿De verdad algún lector de hoy en día se hace la imagen mental de una fila de votantes solo varones? Evidentemente no. Las palabras se interpretan según nuestro conocimiento de la realidad, de la lengua y hasta del sentido común y todos nos transmiten la idea de mujeres y varones votando en igualdad. Y esto es así en aplicación de una de las reglas básicas del lenguaje, de cualquier lenguaje, la economía: decir todo lo posible con el menor número de palabras posible. En la misma frase citada arriba los autores no han optado por escribir "nuestros lectores y lectoras, nuestros y nuestras oyentes y nuestros y nuestras televidentes" y no se ven los motivos para que en estos casos no pueda alguien componerse la mentada imagen mental errónea.
Así de simple. En las lenguas románicas el masculino es un género no marcado y puede por tanto también referirse a los dos sexos. No es discriminación, sino el mismo mecanismo lingüístico que hace que el tiempo verbal del presente pueda tener valor de pasado o futuro. El desdoblamiento solo hace falta cuando transmite información, como señala la Gramática de la RAE:
"En la lengua está prevista la posibilidad de referirse a colectivos mixtos a través del género gramatical masculino, posibilidad en la que no debe verse intención discriminatoria alguna, sino la aplicación de la ley lingüística de la economía expresiva (...) Solo cuando la oposición de sexos es un factor relevante en el contexto, es necesaria la presencia explícita de ambos géneros: La proporción de alumnos y alumnas en las aulas se ha ido invirtiendo progresivamente; En las actividades deportivas deberán participar por igual alumnos y alumnas".

Una práctica imposible
Aún aceptando que no es necesario, alguien podría aducir que es recomendable utilizar los recursos del idioma para explicitar la presencia femenina y que decir "aragoneses y aragonesas" es gramaticalmente correcto y contribuye a erradicar el sexismo. Pero no solamente es innecesario tratar un caso de discriminación que no existe, cuando en otros usos es real, sino que además es imposible cumplir de forma estricta con esta "visibilización de las mujeres" y los intentos por mostrarla solo perjudican la eficacia y la calidad del discurso.
En primer lugar, se atenta contra la máxima de cantidad, uno de los principios básicos formulados por Paul Grice sobre la eficacia de la conversación, que llama a dar tanta información como sea precisa y no más de la necesaria. Los datos redundantes o innecesarios solo perjudican el proceso de comunicación. Considerar que lo que no se dice explícitamente queda oculto obligaría a decir, volviendo a un ejemplo citado, que desde luego se alargaría hasta el infinito: "Los aragoneses y aragonesas, mayores de edad, que no han sido condenados a la pérdida del derecho de sufragio activo, que libremente lo han decidido así y que ayer no sufrieron ningún impedimento..."
Además, como ya he demostrado arriba, o como hizo el escritor Javier Marías en un artículo, cumplir solo con la regla de señalar siempre que en un colectivo figuran mujeres es imposible y no lo hacen ni quienes la defienden. Incluso cumplirla de forma ocasional plantea problemas. El uso del desdoblamiento se hace pesado, usar formas impersonales o nombres abstractos puede ser la mejor opción en algunos contextos pero en otros casos es imposible ("Ana Belén y Victor Manuel cantan juntos") y en muchas ocasiones el efecto estilístico es muy distinto (Por ejemplo, no se percibe igual "Los franceses no quieren emigrantes" que "La población francesa no quiere...").

El sexismo real
Pero no hay que olvidar que el lenguaje sexista existe y que desde luego hay que combatirlo. En bastantes casos será mejor usar un abstracto, como "la infancia" en lugar de "los niños", pero más por cuestiones de estilo que de sexismo. Ejemplos más importantes de sexismo se dan en casos como estos, tratados por Álex Grijelmo en El estilo del periodista y en el folleto de la Asociación de la Prensa de Aragón citado:

-Pasar de un uso genérico del masculino a otro excluyente. Grijelmo cita el caso de un reportaje sobre una maratón en el que tras destacar el éxito de participantes de ambos sexos, el periodista escribía "Los corredores contaban con el apoyo de sus novias".
-Generalizar sobre papeles masculinos o femeninos. Ej: "Las fans de Alejandro Sanz".
-Cargar el protagonismo en los varones. Ej: "Joaquín Cortes fue acompañado por Naomí Campbell".
-Por el contrario, hay que destacar el papel de las mujeres en la sociedad cuando este queda oculto. Ej: "El consejo de Administración está compuesto por 24 directivos y una directiva".
-No caer en el androcentrismo. Ej: "Las mujeres de los presidentes visitarán el Prado".
-Poner estereotipos como ejemplos. Ej: "Se portó como una madre".
-Usar palabras asimétricas como "señorita".
-Reforzar el femenino cuando no es necesario gramaticalmente. Ej: "Congreso de mujeres científicas".
-Dar datos extra sobre las mujeres, que no se darían sobre los varones (atuendo, parentesco...). Ej: "La diputada, vestida con un traje azul, inauguró...", "la candidata, esposa del senador,..."

Nota: Post actualizado. Los dos últimos ejemplos
de sexismo provienen del libro de estilo de Servimedia

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