Ningún profesional de la comunicación o periodista puede desarrollar su labor sin aprovecharse del trabajo ya publicado por otros. Escribir, por ejemplo, un folleto turístico o una web de empresa solo es posible partiendo de textos previos y los documentos son insoslayables en periodismo tanto para armar textos completos (analizar un informe económico, contar el programa de un festival) como para dar al lector todos los datos que necesita para comprender bien una información (la biografía de un personaje, las funciones de un organismo, la población de un lugar...). En suma,
el principal recurso del comunicador es el uso de documentos, aunque muchas veces pasa desapercibido.
Así, el Libro de estilo de El País (al menos en la 11 edición, de 1996) comienza su apartado sobre fuentes: "
Las informaciones de que dispone un periodista sólo pueden ser obtenidas por dos vías: su presencia en el lugar de los hechos o la narración por una tercera persona". Sin duda, acceder a un documento en exclusiva, o de circulación restringida, es equiparable a la narración por un tercero, pero aquí el tema es otro: el uso de contenidos públicos, a los que cualquiera puede acceder, lo que cada vez es más común gracias a internet.
Esto plantea preguntas como cuándo y cómo citar la fuente, en qué medida es ético utilizar material ajeno o la responsabilidad por citar datos falsos. Veremos las respuestas a partir de normas y consejos éticos en periodismo y que resultan aplicables en más casos. Pero la actuación correcta en cualquier caso se resume perfectamente en "
Todo lo que necesita saber sobre periodismo en 395 palabras", una columna de Margaret Sullivan, profesora en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia y defensora del lector del New York Times, que realmente hace honor a su título. Entre otras, se incluye esta norma: "
Si 'toma prestado', dé siempre el respectivo crédito con un enlace y una mención específica, y siempre escriba en sus propias palabras".
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